70 años pintando historias de Mendoza
Una línea de tiempo con recortes, objetos y testimonios que cuentan cómo Andrés Merino acompañó a Mendoza durante siete décadas.
La historia de Andrés Merino
Hay marcas que nacen de una idea. Y hay marcas que nacen de una vida. Andrés Merino es de esas: un nombre que muchos escucharon alguna vez en Mendoza y que, con el tiempo, se volvió sinónimo de pintura, de obra, de hogar y de trabajo bien hecho.
La historia se remonta a 1956, año desde el cual la familia estuvo vinculada a la comercialización de pinturas. Pero el corazón de esta historia no es solo una fecha: es el recorrido de una persona y de una empresa que crecieron a la par de Mendoza, acompañando generaciones de clientes, pintores y proyectos.
Andrés Merino comenzó su vínculo con el rubro empezó desde muy chico: a los 13 años ya estaba en un local, “acomodando tarros de pintura” en el negocio de un familiar. Unos años después, cerca de los 15, se incorpora de lleno al trabajo y comienza una etapa clave en el sur provincial: General Alvear fue uno de los puntos de partida de ese camino, donde el negocio se construyó a pulmón, con constancia y visión de largo plazo.
Durante décadas, la actividad creció junto a su familia: durante tres décadas, trabajó con sus hermanos desarrollando la cadena Merino Hnos en el sur de Mendoza. Ese período fue formando la cultura que aún hoy identifica a Andrés Merino: cercanía, oficio, atención al cliente y la idea de que el crecimiento se logra “haciendo las cosas bien”, incluso en contextos económicos difíciles.
Un punto de inflexión llega en 1988, cuando Andrés Merino impulsa su propia empresa y comienza una etapa de expansión con foco en Gran Mendoza. A partir de ahí, el crecimiento se acelera y se profesionaliza: se suman sucursales, se amplía el stock, se incorporan nuevas líneas (hogar, industria, automotor) y se refuerza una característica que la empresa considera diferencial: el asesoramiento técnico y la capacitación constante del equipo.
Andrés Merino explica una forma de gestionar que atraviesa toda la historia: crecimiento con cautela, reinversión y un fuerte compromiso con la empresa. Habla de construir una compañía “sana”, con decisiones prudentes, y de apostar a un modelo donde el personal es parte esencial del funcionamiento. También destaca la evolución del mercado y de la tecnología, y menciona tendencias que ya se veían venir en 2010, como el impulso de líneas al agua y productos más ecológicos.
Para ese año, la nota afirma que Andrés Merino S.A. contaba con 15 sucursales y equipos de trabajo organizados por áreas, con una segunda generación familiar ya involucrada en la toma de decisiones. En otras palabras: una empresa que ya no era solo un comercio, sino una estructura regional, construida con décadas de experiencia y una cultura de trabajo muy marcada.
Hoy, a 70 años de aquellos primeros pasos, Andrés Merino llega a este aniversario con algo que no se compra ni se improvisa: historia real. Historia de negocio, de familia, de empleados que dejaron su huella y de clientes que volvieron una y otra vez. Historia de barrios, casas, comercios, bodegas y obras en Mendoza donde, de alguna manera, hubo un color que pasó por una de nuestras sucursales.
Este aniversario no es solo una celebración: es una manera de mirar para atrás con orgullo y, al mismo tiempo, reafirmar una idea: seguir renovándose. Porque si algo define a Andrés Merino, no es solo cuánto tiempo lleva, sino su capacidad de mantenerse vigente, crecer, adaptarse y seguir acompañando a Mendoza proyecto tras proyecto.
"Mini museo"
Jarra vertedora + medidor de chapa (para diluyentes y pinturas)
Año aprox.: 1965 (estimado).
Para qué se usaba: para medir y trasvasar líquidos como aguarrás, thinner/diluyentes y pintura, cuando se vendían o preparaban cantidades chicas para clientes u obra.
Cómo se usaba en la pinturería: desde tambores o envases grandes se servía en el vaso medidor de chapa y luego se volcaba con control usando la jarra con pico, evitando derrames. Era el método típico antes de que se popularizaran envases graduados plásticos y sistemas más modernos de dosificación.
Dato lindo: estos medidores metálicos eran un “instrumento de mostrador”: resistían golpes, se limpiaban fácil con solvente y eran parte del ritual de preparación del día a día.
Jarra vertedora + medidor de chapa (para diluyentes y pinturas)
Año aprox.: 1965 (estimado).
Para qué se usaba: para medir y trasvasar líquidos como aguarrás, thinner/diluyentes y pintura, cuando se vendían o preparaban cantidades chicas para clientes u obra.
Cómo se usaba en la pinturería: desde tambores o envases grandes se servía en el vaso medidor de chapa y luego se volcaba con control usando la jarra con pico, evitando derrames. Era el método típico antes de que se popularizaran envases graduados plásticos y sistemas más modernos de dosificación.
Dato lindo: estos medidores metálicos eran un “instrumento de mostrador”: resistían golpes, se limpiaban fácil con solvente y eran parte del ritual de preparación del día a día.
Jarra vertedora + medidor de chapa (para diluyentes y pinturas)
Año aprox.: 1965 (estimado).
Para qué se usaba: para medir y trasvasar líquidos como aguarrás, thinner/diluyentes y pintura, cuando se vendían o preparaban cantidades chicas para clientes u obra.
Cómo se usaba en la pinturería: desde tambores o envases grandes se servía en el vaso medidor de chapa y luego se volcaba con control usando la jarra con pico, evitando derrames. Era el método típico antes de que se popularizaran envases graduados plásticos y sistemas más modernos de dosificación.
Dato lindo: estos medidores metálicos eran un “instrumento de mostrador”: resistían golpes, se limpiaban fácil con solvente y eran parte del ritual de preparación del día a día.
Jarra vertedora + medidor de chapa (para diluyentes y pinturas)
Año aprox.: 1965 (estimado).
Para qué se usaba: para medir y trasvasar líquidos como aguarrás, thinner/diluyentes y pintura, cuando se vendían o preparaban cantidades chicas para clientes u obra.
Cómo se usaba en la pinturería: desde tambores o envases grandes se servía en el vaso medidor de chapa y luego se volcaba con control usando la jarra con pico, evitando derrames. Era el método típico antes de que se popularizaran envases graduados plásticos y sistemas más modernos de dosificación.
Dato lindo: estos medidores metálicos eran un “instrumento de mostrador”: resistían golpes, se limpiaban fácil con solvente y eran parte del ritual de preparación del día a día.
Jarra vertedora + medidor de chapa (para diluyentes y pinturas)
Año aprox.: 1965 (estimado).
Para qué se usaba: para medir y trasvasar líquidos como aguarrás, thinner/diluyentes y pintura, cuando se vendían o preparaban cantidades chicas para clientes u obra.
Cómo se usaba en la pinturería: desde tambores o envases grandes se servía en el vaso medidor de chapa y luego se volcaba con control usando la jarra con pico, evitando derrames. Era el método típico antes de que se popularizaran envases graduados plásticos y sistemas más modernos de dosificación.
Dato lindo: estos medidores metálicos eran un “instrumento de mostrador”: resistían golpes, se limpiaban fácil con solvente y eran parte del ritual de preparación del día a día.
RECORTES
